Hola, compañero,
En contextos “normales”, no tiene mucho sentido proponer sesiones de fuerza postpartido. Hay muchos otros momentos más adecuados que podemos aprovechar.
Pero cuando estás en una liga con varios partidos por semana ⬇️
Termina el partido y surge la duda: ¿recuperamos o estimulamos?
La primera variable siempre es cuándo es el siguiente partido. Si hay menos de 48 horas, la prioridad es la recuperación. Si hay más de 72 horas, puede existir margen para introducir estímulo.
Pero no es tan simple.
No basta con saber cuántos minutos ha jugado hoy el jugador. Debes conocer su media de los últimos partidos y si hoy ha estado por encima o por debajo de esa carga habitual.
Un jugador cuya media es 32 minutos y hoy juega 32 probablemente necesite una intervención distinta a otro cuya media es 16 y hoy juega 33. El contexto acumulado es determinante.
Además, cada sesión de fuerza es un mundo.
– ¿Va a ser solo tren superior?
– ¿Van a ser ejercicios multiarticulares, o monoarticulares?
– ¿Cuánto vas a aproximarte al fallo muscular?
Aquí me gusta utilizar el concepto de ecualizador. Si el jugador está muy fatigado, subes recuperación y bajas estímulo. Si está fresco, puedes aumentar el estímulo y mantener la recuperación básica. No es una decisión binaria, es una gradación.
En contextos de calendario comprimido, donde el día siguiente al partido ya es el día -1, muchas veces es preferible introducir el estímulo de fuerza justo después del partido y dedicar la mañana siguiente a recuperación activa. El sistema nervioso todavía está activado y en cualquier caso va a ser muy difícil que duerman, que descansen…
Y tú, ¿Qué harías en estas situaciones?
Un abrazo,
Álvaro y Jaime.


