🏀 El jugador que no quiere entrenar la fuerza

¡Hola, compañero!

Si eres preparador físico, ya lo habrás vivido.

El jugador que te mira como si estuvieras loco cuando le propones hacer sentadillas. 

El que te dice que la fuerza le va a quitar velocidad, que se va a poner «muy grande», que él lo que necesita es tirar más y correr más.

Y lo peor es que con esa mentalidad, no hay mucho que puedas hacer a la fuerza (nunca mejor dicho 😅).

Entonces, ¿cómo convences a un jugador de que el trabajo de fuerza es parte de su desarrollo?

Primero, entiende el miedo

El miedo más habitual es que «la fuerza te pone lento» o que «te hace pesado». Es un mito muy extendido en el baloncesto, y tienes que combatirlo con datos, no con imposiciones.

Un metaanálisis publicado en el Journal of Strength and Conditioning Research demuestra que el entrenamiento de fuerza mejora significativamente el salto vertical en jugadores de baloncesto, independientemente del momento de la temporada:

👉 Resistance training and vertical jump in basketball 

Y otro estudio con jugadores jóvenes de élite mostró que combinar fuerza y pliometría mejora la velocidad en sprint y el salto:

👉 Combined resistance training and plyometrics in basketball

Muéstrale estos datos. No en formato charla magistral, sino de forma natural: «Mira, hay estudios que dicen que esto hace saltar más. ¿No te interesa?»

Y algo que nos ha funcionado a Jaime y a mí es aprovechar la “evidencia anecdótica”, es decir, aquellos casos aislados que defienden tu posición. No es fuerte a nivel de evidencia científica, pero cala más en los jugadores.

Por ejemplo, en vez de hablar a los jugadores de metaanálisis, muéstrales un estudio y después una entrevista de Lebron James donde explica el tiempo, esfuerza y dinero que invierte en su cuerpo, salud, etc. Muchas veces esa “opinión” de un referente, hará mucho más que 1.000 estudios científicos.

Segundo, empieza desde donde él está

Si le propones un día de fuerza en el gimnasio como primera toma de contacto, probablemente lo odie. Busca ejercicios que él entienda como «de baloncesto»: saltos, cambios de dirección, trabajo explosivo. Y ve introduciendo la carga de forma progresiva, casi sin que se dé cuenta.

Tercero, que vea los resultados

Haz tests. Mide su salto antes y después de unas semanas de trabajo. Cuando un jugador ve que salta dos centímetros más, la conversación cambia completamente.

Y si aun así no quiere… llega a un acuerdo de mínimos.

Hay jugadores que nunca van a amar el gimnasio. Tu trabajo es que lo hagan de forma sostenida, no que lo disfruten. Un mínimo de estímulo, bien programado, ya es mejor que nada.

Habla con el entrenador para llegar a un acuerdo de mínimos con el jugador, y con eso “basta”, aunque poco a poco quizás se anime a hacer más 🙂

Un abrazo, 

Álvaro y Jaime.

PD: Si tienes alguna historia graciosa de algo que te haya pasado con algún jugador, estaremos encantados de escucharla 🙂. Responde a este correo contándonosla.

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