¡Hola, compañero!
Si llevas un tiempo en esto, ya sabes que una de las situaciones más incómodas que vas a vivir es tener que plantarte delante del entrenador y decirle que no a algo que quiere hacer.
Que no, que ese jugador no puede entrenar hoy.
Que no, que esa sesión a tope el día antes del partido no es buena idea.
Que no, que dos días de entrenamientos dobles seguidos con el pívot de 35 años quejándose de 4 partes diferentes de su cuerpo es una lesión esperando pasar.
El problema es que decirlo mal, o en el momento equivocado, puede costarte la relación con el entrenador, el líder del proyecto. Y sin esa relación, tu trabajo y futuro se vuelve casi imposible.
Entonces, ¿cuándo merece la pena decir que no?
Nuestra experiencia nos dice que hay tres situaciones donde no puedes callarte:
1- Cuando hay riesgo real de lesión. Si un jugador llega con molestias y el entrenador quiere meterlo a tope, tienes que hablar. No como una amenaza, sino como información: «Mira, si forzamos hoy, lo más probable es que lo perdamos varias semanas.» Los datos y la lógica suelen funcionar mejor que la confrontación directa. No des tú opinión, muestra datos relacionados (si son de baloncesto, mucho mejor, y si son de tu propio equipo de otras situaciones, aún mejor).
2- Cuando la carga acumulada es insostenible. A veces el entrenador no ve lo que tú ves: que el equipo lleva tres semanas sin recuperar bien, que los tiempos de reacción han bajado, que los jugadores están rindiendo por inercia. Ahí tu trabajo es hacérselo visible, con números sería lo ideal, con observaciones si no tienes otra cosa.
3- Cuando lo que te piden va en contra de tu criterio profesional. Esto es más delicado. Pero si te piden hacer algo que sabes que está mal, y te callas, el problema acabas siendo tú. Ya que irás bajando tu estándar de calidad…
Y cómo decirlo importa tanto como cuándo
Nunca delante del grupo. Siempre en privado, y a ser posible, antes de que el problema sea urgente. Un entrenador que se entera de tu opinión en el momento en que ya no tiene margen de maniobra, se va a poner a la defensiva casi seguro (y con razón 😣 )
Busca el momento tranquilo, habla con datos o con argumentos claros, y plantéalo como una solución, no como un problema: «Creo que si bajamos la carga hoy, llegamos mejor al partido del jueves.» Habla de lo que podéis ganar, no solo de lo que podéis perder.
Y si aun así no te escucha, lo dices, lo documentas, y el resultado es suyo.
Porque al final, tu trabajo es informar y proteger. La decisión final es del entrenador.
Un abrazo,
Álvaro y Jaime.
PD: Los mejores entrenadores con los que hemos trabajado no eran los que siempre tenían razón. Eran los que querían escuchar cuando algo no iba bien.


