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🏀 Progresión en la vuelta al entrenamiento tras una lesión⌛

¡Hola, compañero!

Volver al entrenamiento después de una lesión puede ser uno de los mayores desafíos para un jugador y su entrenador. Tu rol aquí es clave: necesitas asegurarte de que la progresión sea segura, efectiva y basada en la ciencia.

1. Evalúa antes de empezar

Antes de que el jugador vuelva al entrenamiento, realiza una evaluación para determinar su estado actual. Esto incluye pruebas de fuerza, movilidad, estabilidad y resistencia comparando siempre el lado afectado con el no afectado.

Por ejemplo, si un jugador sufrió una lesión de rodilla, evalúa su capacidad para realizar sentadillas o saltos controlados sin dolor ni desequilibrio. Y de hacer todos estos gestos, ante fatiga.

Un aspecto clave en un proceso de Return To Play (RTP), es el miedo a dar el salto, miedo a volver a la pista o a volver a jugar. Sentimos inseguridad, y pánico a que se haga daño de nuevo, y tener nosotros la “culpa”. 

Desde nuestro punto de vista, esto se soluciona (al menos en parte), recogiendo datos. De esta forma, si los valores del jugador son similares a los pre-lesión. Si la pierna lesionada tiene un rendimiento similar a la contralateral, entonces podremos sentirnos más seguros a la hora de proponer al entrenador que vuelva a la pista.

Si por el contrario, aún está claramente por debajo. Tendremos argumentos para explicar al entrenador, el riesgo que existe, en el caso de que queramos correr, y saltarnos pasos.

2. Comienza con movimientos básicos

El primer paso en la readaptación es trabajar en patrones básicos de movimiento: caminar, balancearse y realizar ejercicios de baja intensidad. No apresures al jugador con movimientos explosivos; enfócate primero en la técnica y en recuperar la confianza.

Introduce ejercicios de estabilidad y propiocepción/equilibrio, como el trabajo con unipodal o en posiciones asimétricas. Sobre todo en lesiones largas, se debe reeducar neuromuscularmente al deportista.

3. Progresión gradual

Una vez que el jugador muestra mejoras en los movimientos básicos, avanza a ejercicios funcionales que simulen situaciones de juego. Trabaja en desplazamientos laterales, cambios de dirección controlados y saltos de baja intensidad.

El volumen y la intensidad deben incrementarse de forma gradual. Un error común es regresar a la carga habitual demasiado pronto, lo que puede causar recaídas.

Elige si decides aumentar intensidad o volumen. Pero nunca aumentes ambas a la vez en la misma sesión. 

4. Incorpora ejercicios específicos del deporte

Cuando el jugador esté listo, introduce ejercicios que “imiten” los movimientos de baloncesto: tiros, desplazamientos rápidos y defensa activa. Aquí, el objetivo es preparar al cuerpo para las demandas específicas del deporte.

En esta fase, añadimos toma de decisión cuasireal, de forma que cuando introduzcamos al deportista en el juego real. El contraste y la agresividad de ese cambio sean menores.

5. Monitorización constante

Finalmente, asegúrate de tomar decisiones basadas en datos. No quiere decir que no utilices tu experiencia, que no escuches a esa voz interior. Pero sí que te recomendamos que tengas valores pre-lesión, y que éstos te sirvan de brújula. 

Así, podrás decidir qué cantidad de riesgo queréis “aceptar”. Si por ejemplo, el jugador está a un 30% de sus  valores pre-lesión y con una asimetría del 40%, pues ya sabéis que el riesgo es muy alto. Si por el contrario, no pueden distinguirse los valores pre de los post-lesión y además, no hay asimetría entre piernas, los datos apoyan una vuelta a la competición.

Además, cada sesión de readaptación, entrenamiento, etc. Tiene que tener sus propios parámetros de control de la carga. Para no crear picos de carga, sino que todo el proceso sea progresivo.

Sigue todos estos puntos, conviértete en un experto en ellos, y todos los jugadores que tengan la mala “fortuna” de sufrir una lesión querrán recuperarse contigo 😎

Un abrazo,

Álvaro y Jaime.