¡Hola, compañero!
En baloncesto hablamos constantemente de velocidad, explosividad y primer paso.
Queremos jugadores capaces de salir antes que su defensor, atacar un espacio o llegar a una ayuda defensiva.
Sin embargo, cada aceleración tiene un final.
Y muchas veces, la acción realmente determinante no es arrancar, sino ser capaz de frenar.
EL BALONCESTO ES UN DEPORTE DE DESACELERACIONES
El jugador acelera para después:
- Detenerse y lanzar.
- Frenar antes de una penetración.
- Ajustar su posición defensiva.
- Cambiar de dirección.
- Realizar un closeout.
- Reaccionar ante un bloqueo.
- Volver a acelerar hacia otro espacio.
En jugadores de baloncesto de élite, las deceleraciones de alta intensidad pueden ser más frecuentes que las aceleraciones equivalentes. Además, los jugadores de todas las posiciones han mostrado valores máximos de deceleración superiores a los de aceleración durante la competición.
Esto significa que el jugador no solo debe ser capaz de producir fuerza.
También necesita absorberla, controlarla y redistribuirla.
FRENAR NO ES SIMPLEMENTE “DEJAR DE CORRER”
Una desaceleración intensa exige reducir la velocidad del centro de masas en muy poco tiempo.
Para conseguirlo, el jugador debe generar un gran impulso de frenado, principalmente mediante fuerzas orientadas en sentido opuesto a su desplazamiento.
La revisión de Harper et al. (2022) destaca que las desaceleraciones horizontales presentan un perfil mecánico particular, caracterizado por fuerzas de impacto y tasas de carga elevadas. Su rendimiento depende de la interacción entre la técnica, la fuerza excéntrica, la fuerza isométrica, la fuerza reactiva y la capacidad de aplicar eficazmente la fuerza de frenado.
Por eso, reducir el trabajo de desaceleración a unos ejercicios excéntricos de cuádriceps es quedarse muy lejos de las demandas reales.
¿QUÉ DEBERÍAMOS ENTRENAR?
A nivel físico
El jugador necesita fuerza suficiente para tolerar las cargas que aparecen al frenar:
- Fuerza excéntrica de rodilla y cadera.
- Fuerza isométrica para estabilizar posiciones.
- Capacidad del tobillo para absorber y transmitir fuerzas.
- Fuerza unilateral.
- Control del tronco y de la pelvis.
A nivel técnico
No basta con ser fuerte.
El jugador debe aprender a:
- Bajar progresivamente el centro de masas.
- Aumentar el número de pasos cuando llega a gran velocidad.
- Colocar el pie por delante del centro de masas para producir frenado.
- Distribuir la carga entre varios apoyos.
- Controlar el tronco sin perder capacidad de reaccionar.
- Orientar la última desaceleración hacia la siguiente acción.
Exposición progresiva
No podemos esperar que un jugador tolere desaceleraciones máximas durante la competición si nunca las experimenta durante el entrenamiento.
La progresión puede avanzar desde:
- Frenadas planificadas a baja velocidad.
- Desaceleraciones desde diferentes distancias.
- Frenadas unilaterales y bilaterales.
- Cambios de dirección preestablecidos.
- Acciones reactivas.
- Situaciones específicas con balón, oponente y toma de decisiones.
LA PREGUNTA PARA EL PREPARADOR FÍSICO
No es solamente:
“¿Cuánto acelera mi jugador?”
También deberíamos preguntarnos:
“¿Desde qué velocidad puede frenar, en cuánto espacio, con qué estrategia y qué ocurre después de esa frenada?”
Porque en baloncesto no gana siempre el jugador que alcanza más velocidad.
Muchas veces gana el que puede llegar rápido, frenar antes, controlar su cuerpo y volver a moverse en otra dirección.
Acelerar crea la ventaja. Frenar permite utilizarla.
Un abrazo,
Álvaro y Jaime.
PD: También te recomendamos el artículo de Vázquez-Guerrero et al. (2018) (https://ojs.srce.hr/index.php/kinesiology/article/view/7495).
PD 2: Si quieres contenido ya organizado, digerido y preparado para ti, echa un ojo a: preparacionfisicabaloncesto.com


